Las tendencias contribuyen a uniformizar el mercado textil. En estas condiciones, para una marca no es fácil distinguirse. Debido a ello, la moda, más que cualquier otra industria, ha recurrido a la provocación. Hoy los juegos corporales, lo lícito e ilícito, constituyen una obligación en este sector.

La provocación utilizada como recurso para llamar la atención debe mucho a un diseñador llamado Rudi Gernreich. Que si bien no es tan conocido por el público su trabajo es por el contrario, muy popular entre los profesionales: Tom Ford ha insistido muchas veces de su deuda contraída con él. Efectivamente Gernreich, presenta esa mezcla tan propia del mundo de la moda de oportunismo comercial, sentido artístico y militancia a favor de la liberación de las costumbres; en él se resumen las complejas relaciones entre la moda y el escándalo.

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Rudi Gernreich

Este creador tuvo una oportunidad que tal vez ningún otro podrá conocer: la de promover su nombre a través de un escándalo planetario. Esto ocurrió al diseñar en pleno 1964 el Topless Swimsuit conocido también como el Monokin, que desencadenó una polémica hoy en día difícilmente imaginable. Por más que busquemos otra creación susceptible de conmocionar tanto a la opinión pública, no la encontraríamos. Rudi no solamente nos ha legado el Monokini: también hizo de la provocación un ejemplo indispensable para las marcas de moda.

Nacido en Viena llega a Estados Unidos con su familia post Segunda Guerra Mundial. Su primer trabajo fue en una morgue, lo que le permitió estudiar muy bien el cuerpo humano. Profundizó sus conocimientos en anatomía convirtiéndose en bailarín y para ganar dinero extra diseñaba vestidos.

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Monikini 1964 aquí llevado por su Musa Peggy Moffit

Gernreich sabía hacer que hablarán de él; uno de sus asociados le describiría incluso como una “Bestia Publicitaria”. Efectivamente, cada año lograba atraer las miradas contando historias inesperadas poniendo sobre la pasarela de sus desfiles desde payasos, pasando por monjas hasta llegar a  vaqueros.

La idea del Monokini vino a su mente por primera vez 1962 sin embargo otro diseñador de la época Emilio Pucci declaró en ese mismo momento a través de una entrevista “que las mujeres abandonarían la parte superior de sus trajes de baño en menos de 10 años”. Encendiendo sus alarmas pues alguien se le podría adelantar. Aunque no fue hasta finales de 1963 cuando Susanne Kirtland, de la revista Look, le informara que prepararía un artículo sobre su pieza comentándole que era muy difícil para ella escribir sobre algo que aun no existía y le suplicó lo creara.

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El Monokini llegó a ser prohibido hasta por el Papa

Este se puso manos a la obra primeramente desarrollando un Sarong Balinés que quedaba justo debajo de los senos pero Susanne Kirtland no lo aceptó porque lo consideró  muy poco atrevido. Finalmente Gernreich diseñó un bañador con tirantes que ponía al descubierto todo el pecho. Fue fotografiado en las Bahamas, pero esta vez la Revista Look se asustó ya que ninguna modelo aceptó usarlo, por lo que esta revista decidió solo publicar la foto de espaldas;  algo que enfureció a Gernreich pues no quedó a gusto con el resultado más aún porque la única que se atrevió a posar con él fue una prostituta local algo que se dió a conocer inmediatamente.

Decide realizar una nueva sesión de fotos y busca a dos grandes amigos (con quien realizará trabajos extraordinarios hasta los últimos días de su vida) la modelo Peggy Moffit y su esposo el fotógrafo William Claxton. Buscando no entrar en clichés evita a Playboy y revistas de este tipo, pero nadie tenía el valor de publicarlo fue rechazado por Newsweek y muchas más.

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Trabajo realizado por Rudi, Peggy y William

Determinado a salirse con la suya va acompañado de Peggy Moffit quien iba vestida con un Kimono pero en la parte de abajo llevaba el famoso Topless Swimsuit, acudió a una cita con la prestigiosa Diana Vreeland editora para ese entonces de Harper´s Bazaar quien al preguntarle por el osado bañador recibe como respuesta a Peggy quitándose la ropa mostrando la pieza en todo su esplendor y a Gernreich declarando: Que el Monikini representaba la libertad, un manifiesto sobre las ataduras que la moda y las reglas impuestas por una sociedad retrograda que se niega al cambio.

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Reportaje que le dedicó la prestigiosa revista Life al Monokini

Poco a poco comenzaron a salir las primeras fotografía de esta increíble pieza provocando un escándalo sensacional, los medios centraron toda su atención haciendo muy popular la palabra Monokini, cumpliendo de esta manera los objetivos de su autor hacer su nombre popular.

Solo se vendieron 3000 piezas una cantidad bastante moderada a pesar de las manifestaciones fuera de las tiendas, los sermones en las iglesias y los ojos impávidos de quienes no podían creer lo que estaba ocurriendo.

Luego de esto  Gernreich tiene dos éxitos comerciales (no publicitarios) el No Bra y el No Bra Bra ambos considerados avances en la ropa interior femenina pues estaban compuestos de telas elásticas sin ningún tipo de alambres lo que le brindaba a las mujeres mayor comodidad y libertad en sus movimientos.

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Anuncio publicitario del No Bra Bra

Luego en 1974 propuso “Otro Traje de Baño” llamado el Pubikini que dejaba parte del pubis al descubierto y sugería que el vello se tiñera de un color parecido al del bañador.

A pesar de todos los escándalos es importante señalar lo relevante del trabajo de este diseñador; pues marcó el uso de la provocación en el mundo de la moda, estrategia utilizada en infinidad de campañas publicitarias, que van desde un YSL desnudo posando para promocionar su perfume en los años 70s, a una Kate Moss famélica e inocente mostrando la ropa interior de CK en los 90s  o más recientemente las fotografías de Tom Ford para Gucci.

Algo hemos aprendido de todo esto y es que definitivamente “El sexo vende” pero en la moda siempre debemos agregarle un toque Chic.

 

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El Pubikini de Gernreich

 

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