Guía Historia de la Moda en el Siglo XX

Moda Durante la Primera Mitad del Siglo XX (Parte I)

La I Guerra Mundial desmantelo de forma rápida y completa los antiguos sistemas y valores sociales que habían empezado a desquebrajarse a finales del siglo XIX. La sociedad cambió y por consiguiente también lo hizo su visión global. El surgimiento de una  pujante clase media dio pie a un nuevo estilo de vida y a medida que las mujeres salían del hogar para participar más plenamente al mundo en general, rechazaron el corsé y buscaron prendas más funcionales. Los diseñadores de moda, así como los artistas, pusieron un gran empeño en crear nuevos tipos de indumentaria.

Aunque es importante conocer el impacto que las dos Guerras Mundiales tuvieron sobre el tema de la moda, también es indudablemente cierto que la Alta Costura fue la principal encargada de dirigir el mundo de la moda durante la mitad del siglo XX asimismo durante este periodo se establecieron varios sistemas cruciales de información, gracias a los cuales las modas de Alta Costura parisinas llegaron a todo el mundo.

La búsqueda de un nuevo tipo de indumentaria

La I Guerra Mundial aceleró los cambios en varios campos de la sociedad y la cultura. Un número cada vez mayor de mujeres con estudios superiores y profesionales, el uso más generalizado del automóvil y una creciente fascinación por los deportes, fueron solo algunos de los avances que culminaron en un estilo de vida totalmente nuevo. También la indumentaria evolucionó para adaptarse a las exigencias de la nueva época.

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Para las mujeres de ese periodo que llevaban una vida activa, el atuendo diario fue alcanzando un cierto grado de funcionabilidad gracias a los trajes sastre.

Por otro lado, los diseñadores de primera línea como Charles Frederick Worth (de quien conoceremos su trabajo más adelante), Jacques Doucet y Jeanne Paquin, que habían abierto sus salones de Alta Costura en el siglo precedente, seguían siendo fieles a la sensibilidad del Modernismo y su objetivo era alcanzar la máxima belleza, mediante una combinación de elegancia y opulencia. Sus elaboradas creaciones requerían de corsés largos para conseguir el efecto deseado, la artificial forma de “S”. Estos distorsionaban la forma natural del cuerpo e impedían la movilidad de tal modo que, aunque las mujeres vestían esos estilos en público, comprensiblemente buscaban alivio de tales atuendos en la intimidad de su hogar.

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Las prendas más populares para estar en casa eran los vestidos de tarde de línea holgada que permitían aflojarse el corsé.

Fue Paul Poiret quien por primera vez propuso una nueva línea de moda que no requería el corsé. Su abrigo “Confucio”, de corte recto y línea más suelta apareció en 1903. A continuación en 1906, creó el estilo “Helénico” un diseño sin corsé y de cintura alta.

Salvo algunas excepciones, desde la época del renacimiento la indumentaria de la mujer occidental había requerido un corsé que apretara la cintura como elemento básico para moldear la silueta.

Moda Durante la Primera Mitad del Siglo XX (Parte II)

Poiret rechazó el uso del corsé para las prendas femeninas y pasó el centro de gravedad desde la cintura hasta los hombros. Según cuenta en su autobiografía, estos diseños no surgieron de un deseo por liberar a las mujeres de la tiranía del corsé, sino de una apasionada búsqueda de nuevas formas de belleza. Sus vestidos, no obstante, consiguieron algo que ni las activistas feministas ni los médicos habían logrado a finales del siglo XIX: liberar a la mujer del corsé.

Así la moda, del siglo XX evolucionó a partir de una forma encorsetada y artificial a otra más natural respaldada por un sujetador.

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Las creaciones de Poiret llevan adornos de un espléndido y exótico estilo, en colores fuertes y atrevidos. Inventó los pantalones de odalisca (actualmente harem) la llamada falda de medio paso y los turbantes con inspiración oriental. Sus diseños se nutrían de la nostalgia por tierras lejanas que caracterizó este periodo del siglo XX.

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La pintura oriental, popularizada a finales del siglo XIX y la publicación de la traducción, de Las Mil y Una Noches a principios del siglo XX, fomentan un anhelo sobre estos temas. La tendencia se vio reforzada por el sensacional debut de los Ballet Rusos en París en el año 1909, a quienes se les reconoció toda su magnificencia. La atención se fue dirigiendo cada vez más hacia Japón, que abrió sus puertas a occidente a finales del siglo XIX.

En la época de la guerra entre Rusia y Japón (1904-1905), la influencia cultural japonesa se había dado a conocer como Japonismo. Poiret y otra Casa de Moda llamada Callot Soeurs, encontraron inspiración en todos estos movimientos. Se sintieron atraídos por los dibujos y colores de los tejidos así como por la estructura de sus kimonos y sus holgados pantalones.

La búsqueda de una nueva forma de vestir no era exclusiva de Francia, sino que también existía en otros países europeos, Mariano Fortuni, español de nacimiento, inspirado por las formas y las siluetas griegas creó un vestido plisado de estilo clásico que llamó Delphos.

Las hijas adoptivas de la bailarina Isadora Duncan posando

Era un innovador diseño que combina funcionabilidad con decoración. Los finos pliegues moldeaban suavemente el cuerpo y la ornamentación venía dada por el movimiento: una mínima acción producía cambios en el brillo y la tonalidad del tejido.

Se podía guardar en rollado en una cajita de madera, emulaba las formas del chitón griego, caía desde los hombros hasta el suelo, sin costuras. A todas las mujeres les favorecía convirtiéndose en el último grito para las bailarinas modernas entre ellas la famosa Isadora Duncan.